Siete textos de Gogol he leído: Almas muertas, el capote, noche de Mayo o la
Ahogada, la terrible venganza, la nariz, diario de un loco y el retrato. En el
orden en que aparecen los títulos es el mismo en el que los leí. No soy critico de las letras, ni mucho menos buen
escritor, (mira que cometo cada falta de
ortografía y un sin número de ofensas al arte de escribir), pero soy lector y
en todo caso, por nosotros viven los que escriben, cosa que según creo nos da
cierto derecho de emitir opiniones, aunque estas puedan ser un poco absurdas y
nacidas de la ignorancia.
Pues bien es Gogol uno de esos autores
que fascinan, su pluma te envuelve y te embelesa. Me ha causado un terror
extraordinario “El retrato”. Cuento que narra cómo un demonio habita una obra realizada por uno de esos pintores de imágenes de Iglesia y quizá porque yo mismo
he sentido al entrar a una viejona parroquia esa sensación incomoda que algunos
retratos te siguen con la mirada, es que el cuento me ha fascinado y aterrado a
la vez. Sea como fuere la imagen que crea Gogol es muy fuerte. Y además de todo
ello devela como un mago el mundo interno del artista pintor que ensimismado y
con arduo trabajo crea y da vida y el otro, el pintor ávido de fama que sólo
está de moda. ¡Cuántos de nosotros! en todas la áreas del conocimiento sólo
buscamos a esa odiosa y petulante pero tan atractiva vida de luces y destellos.
Pero ahí precisamente nos advierte Gogol: “La gloria no puede causar deleite a
quien la ha usurpado y no merecido; sólo estremece de emoción al que es digno
de ella.”
En La nariz, Gogol recurre a un
método del todo extraño para mí. No es la idea de que alguien pueda encontrar
dentro del pan del desayuno una nariz, y que luego ésta ande paseando muy
quitada de la pena por la ciudad, mientras que su dueño la busca desesperado, tampoco
el hecho de un hombre se despierte con un vacío en lo que antes se hallaba su
nariz. ¿Acaso no Gregorio, se despierta convertido en cucaracha? No, lo que me extraña y me encanta es ese
terminar y no terminar las pequeñas historias dentro del relato, nada se sabe cómo
pudo Iván Yákovlevich librarse del guardia que lo llamaba y que tal vez
sospechaba o había visto como Iván había tirado la nariz al río Neva. Tampoco
nos dice cómo es que la nariz hacía para vestirse como consejero de estado.
Pero con todo ello la historia se vuelve aún más maravillosa.
La genialidad de “El diario de un
loco” radica creo yo en cómo Gogol hace para que día a día conforme el
personaje va escribiendo su diario el lector se meta más y más en su locura. No
es que uno no comprenda que Poprischew, Aksenti Ivanovich (consejero titular
noble) o el rey de España (que son uno sólo) de plano le falta un tornillo;
sino que cada vez su locura se vuelve más interesante que la cordura. En sí
siempre he considerado la locura como el máximo nivel de la libertad, pues sólo
ella te permite crear un sistema simbólico propio que te permite alejarte de la
castrante cultura. Tal vez por eso el final del Qujiote siempre me ha dado
tristeza.
En la locura nuestro personaje se
permite leer las conversaciones que mantiene entre sí por medio de cartas dos
perros y en ella se posa para declarar:
“¡Oh que ser más pérfido es la
mujer! Sólo ahora he comprendido lo que son las mujeres. Hasta ahora nadie sabía
de quién estaba enamorada la mujer. Yo fui el primero en descubrirlo. La mujer
está enamorada del demonio. Sí, y esto no es ninguna broma. Los fisiólogos escriben
tonterías acerca de ella, pero ella sólo ama al demonio. ¿Cree usted que mira a
ese señor gordo con una condecoración? Nada de eso, mira al demonio que tiene detrás
de su espalda. ¡Mírelo, se ha escondido en la condecoración! ¡Mire ahora cómo
le hace señas con el dedo! Y ella se casará con él.
De “El capote”
se ha escrito mucho, pero he preferido no tomar en cuenta esos análisis a pesar
del riesgo de quedarme en mi ignorancia, pero pienso que con ellos se me
distrae la atención de lo que a mí me importa del relato y en todo caso, casi
siempre me da flojera leer lo que otros dicen de un texto, prefiero leer el
texto y con ello jugar, es por eso que el Capote es para mí un cuento de
ficción. Un objeto anhelado se convierte en causa de vida y luego de muerte. Pero
sin duda lo que más me ha impresionado es la condición de Akaki Akakievich. Esa
lente muerte en la oficina, que acoge gustosa, es hasta que el capote aparece
que su vida aparentemente parece revivir, el propio Akaki se siente así, pero
todo es engaño, ficción. Nadie desde luego puede ser feliz permanentemente si
su felicidad está sustentada en la
relación con algo o alguien. Por ello en cuanto el capote es robado la
felicidad desaparece porque éste mismo objeto aunque real, es imaginario, por
ello creo yo los ladrones nunca con encontrados y por ello el propio Akaki vaga
como fantasma en busca de su capote.
En “La noche
de mayo o la ahogada” no puedo decir que se trata de un mito en toda la
extensión de la palabra. En este cuento el tiempo y espacio míticos y reales se
traslapan y se confunden. El problema planteado en uno se resuelve en otro y la
guía de todo ello es el amor.
En “La
terrible venganza” el juego del bien y el mal se hallan entremezclados y el
sentimiento de una hija por su padre y su marido los lleva a un trágico desenlace.
Así parece ser la realidad, no hay nada que sea totalmente bondadoso.
“Almas muerta
merece un trato aparte, por ello lo dejaremos para otro día.”
Alejandro
Durán Ortega.

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