viernes, 19 de diciembre de 2014

De la extraña relación entre los 50 y 20

Lodo de Guillermo Fadanelli

He acabado de leer "Lodo" de Guillermo Fadanelli,  quien ha recibido múltiples premios por sus obras. Desgraciadamente el libro lo he tenido que devolver antes de este momento donde escribo estás líneas. No recuerdo donde nació Fadanelli, pero es mexicano, ( aunque el apellido acuse lo contrario)  y una de las cosas que recuerdo es que es autodidacta y jamás concluyó una carrera, cosa que me encanta, pues el desencanto de las universidades es para mi un hecho. Y precisamente de alguien que vivía dentro de la universidad escribe el autor. El profesor Torrentera protagonista de la historia, es docente de filosofía, cincuentón y que con cincuenta pesos la hora de clase le alcanza para pagar un departamento en uno de las colonias decentes de la ciudad de México ( yo creo que Fadanelli no tiene idea que un profesor de universidad de las  características económicas que trata no logra pagar ni la mitad de un departamento, pero bueno). Y me detengo en el hecho por que el protagonista es muy enfático en ello. 

A decir verdad el autor nos presenta en Torrentera a todo un erudito, cosa que luego uno duda dentro de la universidad, pero con todo y ello la cuestión no gira en torno a lo académico aunque la obra está plagada de referencias filosóficas, sino más bien a la siempre inigualable pasión. La relación entre un académico pelón y cincuentón con una mujer de veintitantos, la relación se desarrolla entre asesinatos reales y ficticios.  

Además la novela nos presenta otra relación sí acaso más interesante que la de diferencia de edades la de diferencia de educaciones. De la obra rescato un parte que me ha gustado:

"Cuando uno se rompe la cabeza en erudiciones, recluido en su estudio en medio de libros, fichas, referencias interminables, sólo desea concluir el trabajo del día para enfrascarse en una actividad diametralmente opuesta. Torear una vaquilla, buscarse una pelea con cualquier barriobajero, jalarse los huevos hasta las rodillas, emborracharse para ver alucinaciones o acostarse con una vaca son actividades propias de los aburridos" (Guillermo Fadanelli, en "Lodo")

La defensa del diablo

"El diablo" de Giovanni Papini

He acabado le leer "el diablo" de Giovanni Papini, italiano nacido en las postrimerías del siglo XIX . Su vida y su obra concuerdan efectivamente entonces con las dos guerras mundiales. Sospecho que éstas, algo tuvieron que ver con el hecho de que se inclinara a escribir una obra sobre el diablo. Nacido en Florencia es indudable que la huella del catolicismo quedó impregnada en su ser. Aún con todo ello no creo que exista mejor defensor del diablo que Papini , cosa que no es nada contradictoria, pues a mi juicio los mayores actos heréticos y las acciones más escabrosas siempre tienen algo de relación con lo religioso. No en balde Frazer y Malinowski hablaban de la estrecha relación entre ciencia-magia y religión. En verdad uno nunca sabe cuando sale de una y entra a otra.
Sin embargo Papini es (al menos eso me parece desde acá) un ser lleno de buenos deseos, alguien que ansía con vehemencia la salvación cristiana para todo el mundo. No es de extrañarse que su texto no halla sido visto con buenos ojos por la Iglesia Católica, pero a decir verdad, pocas cosas del pensamiento y la reflexión agradan al ortodoxo.  No niego que en algo me identifico con Papini, recuerdo de niño como deseaba que en algunas series animadas ganara "el malo" ¡Pinche correcaminos tan abusivo! y el otro pobre englengue siempre tan necesitado de comer. La defensa del "malo", del que siempre pierde, es una cosa en la series animadas y otra en la cosmología de una religión como la católica. En ésta última las ideas pueden volverse peligrosas dependiendo de la etapa histórica en que se engendran.  Afortunadamente para Papini el siglo XX  las acogió, lo cual no quiere decir que estuvieran exentas de criticas, más bien aquello le valió muchas enemistades.
Tengo mis propios demonios que me visitan de vez en vez, (quién pudiera negar este hecho) y que con el tiempo uno se acostumbra a ellos. Pero en el caso de Papini no le interesan los demonios menores, él sin miramiento quiere encontrarse cara a cara con mismísimo Luzbel, sí, aquel ángel hermoso que fue precipitado a los infiernos.
Papini parte de una idea simple que trata de ir reforzando a lo largo del texto: "Luzbel" por ser la criatura más hermosa hecha por Dios, es también una de las más queridas por él. De tal manera que ante su traición Dios sufre en silencio por el destino al cual condenó a su creación. El hombre surge entonces como la respuesta clave, es éste el encargado de salvar al diablo, reinstalarlo en su primigenio lugar y con ello detener el sufrimiento de Dios.¿Salvar al diablo? sí, parece que esa es la cuestión, no hay ser más desdichado que éste. Papini se encarga de asegurarlo a través del análisis de Dante, San Agustín, la Bilblia, Santo Tomás y muchos otros autores más. Será pues que no nos hemos dado cuenta de la misión trascendental del hombre: en el transcurrir del tiempo nuestro objeto es redimir al diablo y consolar a Dios.

Alejandro Durán Ortega

lunes, 1 de diciembre de 2014

Apuntes sobre Nikolai Gogol

Siete textos de Gogol he leído: Almas  muertas, el capote, noche de Mayo o la Ahogada, la terrible venganza, la nariz, diario de un loco y el retrato. En el orden en que aparecen los títulos es el mismo en el que los leí.  No soy critico de las letras, ni mucho menos buen escritor,  (mira que cometo cada falta de ortografía y un sin número de ofensas al arte de escribir), pero soy lector y en todo caso, por nosotros viven los que escriben, cosa que según creo nos da cierto derecho de emitir opiniones, aunque estas puedan ser un poco absurdas y nacidas de la ignorancia.
Pues bien es Gogol uno de esos autores que fascinan, su pluma te envuelve y te embelesa. Me ha causado un terror extraordinario “El retrato”. Cuento que narra cómo un demonio habita una obra realizada por uno de esos pintores de imágenes de Iglesia y quizá porque yo mismo he sentido al entrar a una viejona parroquia esa sensación incomoda que algunos retratos te siguen con la mirada, es que el cuento me ha fascinado y aterrado a la vez. Sea como fuere la imagen que crea Gogol es muy fuerte. Y además de todo ello devela como un mago el mundo interno del artista pintor que ensimismado y con arduo trabajo crea y da vida y el otro, el pintor ávido de fama que sólo está de moda. ¡Cuántos de nosotros! en todas la áreas del conocimiento sólo buscamos a esa odiosa y petulante pero tan atractiva vida de luces y destellos. Pero ahí precisamente nos advierte Gogol: “La gloria no puede causar deleite a quien la ha usurpado y no merecido; sólo estremece de emoción al que es digno de ella.”
En La nariz, Gogol recurre a un método del todo extraño para mí. No es la idea de que alguien pueda encontrar dentro del pan del desayuno una nariz, y que luego ésta ande paseando muy quitada de la pena por la ciudad, mientras que su dueño la busca desesperado, tampoco el hecho de un hombre se despierte con un vacío en lo que antes se hallaba su nariz. ¿Acaso no Gregorio, se despierta convertido en cucaracha?  No, lo que me extraña y me encanta es ese terminar y no terminar las pequeñas historias dentro del relato, nada se sabe cómo pudo Iván Yákovlevich librarse del guardia que lo llamaba y que tal vez sospechaba o había visto como Iván había tirado la nariz al río Neva. Tampoco nos dice cómo es que la nariz hacía para vestirse como consejero de estado. Pero con todo ello la historia se vuelve aún más maravillosa.
La genialidad de “El diario de un loco” radica creo yo en cómo Gogol hace para que día a día conforme el personaje va escribiendo su diario el lector se meta más y más en su locura. No es que uno no comprenda que Poprischew, Aksenti Ivanovich (consejero titular noble) o el rey de España (que son uno sólo) de plano le falta un tornillo; sino que cada vez su locura se vuelve más interesante que la cordura. En sí siempre he considerado la locura como el máximo nivel de la libertad, pues sólo ella te permite crear un sistema simbólico propio que te permite alejarte de la castrante cultura. Tal vez por eso el final del Qujiote siempre me ha dado tristeza.
En la locura nuestro personaje se permite leer las conversaciones que mantiene entre sí por medio de cartas dos perros y en ella se posa para declarar:
“¡Oh que ser más pérfido es la mujer! Sólo ahora he comprendido lo que son las mujeres. Hasta ahora nadie sabía de quién estaba enamorada la mujer. Yo fui el primero en descubrirlo. La mujer está enamorada del demonio. Sí, y esto no es ninguna broma. Los fisiólogos escriben tonterías acerca de ella, pero ella sólo ama al demonio. ¿Cree usted que mira a ese señor gordo con una condecoración? Nada de eso, mira al demonio que tiene detrás de su espalda. ¡Mírelo, se ha escondido en la condecoración! ¡Mire ahora cómo le hace señas con el dedo! Y ella se casará con él.
De “El capote” se ha escrito mucho, pero he preferido no tomar en cuenta esos análisis a pesar del riesgo de quedarme en mi ignorancia, pero pienso que con ellos se me distrae la atención de lo que a mí me importa del relato y en todo caso, casi siempre me da flojera leer lo que otros dicen de un texto, prefiero leer el texto y con ello jugar, es por eso que el Capote es para mí un cuento de ficción. Un objeto anhelado se convierte en causa de vida y luego de muerte. Pero sin duda lo que más me ha impresionado es la condición de Akaki Akakievich. Esa lente muerte en la oficina, que acoge gustosa, es hasta que el capote aparece que su vida aparentemente parece revivir, el propio Akaki se siente así, pero todo es engaño, ficción. Nadie desde luego puede ser feliz permanentemente si su  felicidad está sustentada en la relación con algo o alguien. Por ello en cuanto el capote es robado la felicidad desaparece porque éste mismo objeto aunque real, es imaginario, por ello creo yo los ladrones nunca con encontrados y por ello el propio Akaki vaga como fantasma en busca de su capote.
En “La noche de mayo o la ahogada” no puedo decir que se trata de un mito en toda la extensión de la palabra. En este cuento el tiempo y espacio míticos y reales se traslapan y se confunden. El problema planteado en uno se resuelve en otro y la guía de todo ello es el amor.
En “La terrible venganza” el juego del bien y el mal se hallan entremezclados y el sentimiento de una hija por su padre y su marido los lleva a un trágico desenlace. Así parece ser la realidad, no hay nada que sea totalmente bondadoso.
“Almas muerta merece un trato aparte, por ello lo dejaremos para otro día.”

Alejandro Durán Ortega.